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Todo se fue a la mierda y estoy segurísimo de que es culpa del Internet

El mundo funciona en torno a una sola cosa: los sentimientos de la gente. Las emociones gobiernan al mundo.

Esto ocurre porque la gente principalmente gasta su dinero en cosas que la hacen sentir bien. Y donde el dinero fluye, el poder fluye. Así, técnicamente mientras más seas capaz de influenciar las emociones y sentimientos de la gente en el mundo, más dinero y poder acumularás.
La tecnología es sencillamente un medio para lograr esto. Toda tecnología es inventada con el simple fin de satisfacer a la gente. El bolígrafo. Un calentador de asiento. Mejores juntas para la plomería de la casa. Fortunas se hacen y se pierden alrededor de estas cosas porque hacen sentir a la gente mejor y hacen su vida más fácil. Economías enteras funcionan sobre poco más que los caprichos y fantasías de la población.

El hecho de que el mundo funcione por sentimientos no siempre fue algo malo. En la edad industrial, por ejemplo, fue algo indudablemente bueno. La mayoría de la población sufría de frío, hambre y cansancio. Y la invención de máquinas y ciudades y la división del trabajo, las ordenaciones legales y los gobiernos representativos fueron todas un enorme avance para aliviar a la gente de mucha de la pobreza y el trabajo duro a la que estaba sometida.

Mientras más avanzaba la tecnología y la sociedad, más se veía aliviada la gente del esfuerzo físico y el sufrimiento. Vacunas y medicinas han salvado millones de vidas. Máquinas sencillas han salvado a la mayoría del planeta del trabajo excesivo y la hambruna.

Pero el deseo de la gente por sentirse bien nunca termina de satisfacerse. Así, durante la última parte del siglo 20, con la mayor parte de la población liberada de la indigencia, el mundo desarrollado continuó avanzando e innovando para hacer sentir bien a la gente. Y en esta nueva epoca comercial la gente empezó a buscar un bienestar cada vez mayor.

Y debido a este nuevo deseo de mayor bienestar hemos tenido un siglo de explosivo crecimiento en la tecnología de la conveniencia: hornos tostadores, lavadoras, automóviles, comida rápida, transporte aéreo, televisión, afeitadoras eléctricas. etc.

La vida se volvió tan fácil, eficiente y sin esfuerzo que en un corto lapso de unos pocos siglos la gente fue capaz de tomar un teléfono y realizar en dos minutos lo que solía tomar meses.

La era comercial, a pesar de ser más compleja que las eras anteriores, era todavía una época sencilla. La vida de todos era más o menos la misma. Veíamos los mismos canales de televisión, escuchábamos la misma música, comíamos la misma comida, nos relajábamos en los mismos sofas y leíamos los mismos periódicos y revistas. Existía cierta continuidad y cohesión en esta era que traían consigo una extraña sensación de seguridad. Creo que es esta cohesión social por la que mucha gente siente hoy nostalgia.


Entonces apareció el internet.

Las intenciones del internet eran buenas. Inventores y especialistas en Silicon Valley tenían grandes esperanzas de un mundo interconectado y computarizado. Trabajaron por décadas hacia la visión de una conexión natural e invisible entre el mundo de las personas y la información.

Durante los noventas y la primera década de este siglo surgieron compañías que construyeron la tecnología que cambiaría y luego dominaría nuestras vidas. Existía un nivel casi utópico de optimismo durante aquellos años. Los especialistas imaginaban una población mundial altamente educada que aprovecharía la infinita sabiduría disponible a la punta de sus dedos. Vieron crecer la empatía y el entendimiento entre naciones, etnias y estilos de vida. Soñaron con un movimiento global unificado y conectado con un único interés compartido de paz y prosperidad.

Pero ellos olvidaron.

Estaban tan metidos dentro de sus sueños y visiones y esperanzas que olvidaron.

Olvidaron que el mundo no se mueve por información. La gente no hace decisiones basada en verdades o hechos. El mundo no gasta su dinero basándose en datos.

El mundo se mueve por los sentimientos.

Y cuando le das a la persona promedio una infinita reserva de sabiduría humana esta no va a “googlear” por la gran verdad que contradiga sus propias convicciones. En su lugar, como la mayoría de nosotros haría, buscaría lo que encuentre agradable sin importar que sea falso.

¿Tu ex-esposa te deja y empiezas a pensar que las mujeres son egoistas y malvadas por naturaleza? No hay que ser muy creativo para encontrar en Google más de lo que nunca necesitarás para empezar a creer que las mujeres son biológicamente inferiores.

¿Piensas que los Musulmanes van a empezar a recorrer escuela por escuela asesinando a tus hijos? Estoy seguro de que ya hay alguna teoría conspirativa en alguna parte que confirme tus ideas.

El internet, al final, no fue creado para dar a la gente la información que necesita, sino para dar la información que la gente quiere.

Y tristemente hay una enorme diferencia.


Por ejemplo, yo quiero creer con todas mis fuerzas que el gobierno de Trump se está hundiendo y que colapsará en unos pocos meses. Y sin preguntar, Facebook diligentemente me muestra artículos validando este deseo cada día.

Y sin embargo, cuando me fuerzo a visitar sitios web conservadores, para mirar datos de encuestas, para buscar en fuentes primarias y análogos históricos, veo que probablemente no es verdad. Que no vamos todos en un vehículo que corre hacia un precipicio. Y que si lo estamos, Trump probablemente no es el que lo maneja, sino que es simplemente el logo sobre el capó.

Pero el hecho de que para cualquiera es más fácil encontrar información que confirme sus miedos y sofoque sus inseguridades es realmente el problema. La misma red de sistemas diseñada para hacerme sentir bien cada vez que abro mi computador es la misma red de sistemas que está desconectándome (desconectándonos) del resto de nuestro país y frecuentemente de la realidad misma.

La economía básica nos enseña que cuando hay un exceso en la provisión de algo, la gente lo valora menos. Si nos despertamos mañana y de la nada han aparecido 3 billones de cortadoras de césped en Estados Unidos, el precio de las cortadoras de césped caerá en picado. Si de repente todos tuvieran un bolso Louis Vuitton, a nadie le importaría Louis Vuitton nunca más. La gente los tiraría, les regaría leche encima, los olvidaría y los regalaría a la caridad.

¿Qué pasa si lo mismo ocurre con la información? ¿Qué ocurre si el crecimiento en el suministro de información hasta el punto donde no tiene límites nos ha hecho valorar menos cualquier información? Si leo hoy un artículo diciéndome que los endulzantes artificiales son malos para la salud, habrá mañana tres artículos diciéndome que están bien, que cualquier artículo anterior se equivocaba. Para entonces simplemente ya no me importa. Ya no confío en ninguno. La abundancia de información contradictoria me revuelve el cerebro y me hace querer únicamente ir a jugar Mario Kart por una hora.

Y no es algo que solo ocurra mentalmente, sino que me vuelve en alguien cínico y hastiado. A la mierda los artículos de nutrición. ¿Que saben a fin de cuentas? Seguramente solo buscan hacer dinero fácil.

Esta se ha vuelto nuestra respuesta aparentemente para todo. El problema es que cuando este nivel de desconfianza se vuelve en contra del sistema político de la misma gente, ese sistema se corroerá inevitablemente.

La democracia depende de la confianza. El ejercicio de la ley requiere confianza. Si perdemos la fe en nuestras instituciones, entonces esas instituciones o se derrumban o se vuelven cancerosas. Pero el internet se ha organizado de tal manera que es rentable alimentar la desconfianza.

Entonces, estamos jodidos.

Esto no es algo de Trump o de Estados Unidos únicamente. Esto está pasando en todas partes. Filipinas, Turquía, Brasil, Rusia, Francia, Reino Unido.Todos ellos han tenido elecciones populistas de derecha. Se están volviendo todos más reacios e intransigentes. El mundo mismo se está volviendo más polarizado políticamente. Y la gente ya no confía en la mayoría de información que recibe , y como resultado, ya no confían en mucha de la gente de sus propias sociedades.

Esto ocurre porque la infinita información no educa a la gente. La confunde.



Y cuando la gente está confundida y desconfiada, vuelve a sus impulsos básicos, su instinto de ser tribales y egoístas: Yo me cuido a mi mismo y a mi mismo primero. Que se jodan todos los demás. ¿Si yo me puedo cuidar, por qué ellos no?

Algunos nerds hablan de que la política actual está en “disrupción”, una palabra favorita para referirse a cualquier consecuencia negativa que provenga de avances tecnológicos.

Si no estás familiarizado con el término, es básicamente una forma pomposa de decir “Tienes que romper unos cuantos huevos para hacer una tortilla”. Los saltos en la tecnología usualmente traen un montón de disrupción y destrucción a los sistemas antiguos antes de que otros sistemas más eficientes y beneficiosos puedan tomar su lugar. Piensa en el automóvil acabando con la industria de los coches jalados por caballos. O en Amazon devorando a las librerías.

Pero lo que esta ocurriendo en la política no es disrupción. La disrupción implica que existe algún sistema superior listo para tumbar y tomar el lugar de la democracia. Disrupción implica que el caos está siendo causado por un orden de mayor nivel, no por uno de menor nivel. Pero ahora mismo la disrupción está ocurriendo no por las partes más avanzadas y elevadas de nuestra naturaleza, sino por las más bajas.

La civilización se construyó sobre la habilidad de la gente de suprimir sus instintos más bajos: sus tendencias hacia el tribalismo y narcisismo, su inclinación por matarse unos a otros sobre diferencias superficiales e imaginarias. Nos tomó milenios de educación y progreso aprender a cómo no hacer esto. Mucha de esta educación y progreso giró alrededor del respeto por la ciencia, el debate público, la argumentación racional, poner a varias instituciones en el poder para equilibrarse mutuamente, entre otros. Y el par de siglos que hemos tenido estas cosas a duras penas las hemos hecho funcionar bien.

El problema es, por lo que yo puedo decir, que el internet y sus tecnologías no nos liberan del tribalismo, ni de nuestros instintos más bajos y despreciables, si no que hace todo lo contrario. Nos mete el tribalismo por los ojos, y estamos viendo el principio de las terribles consecuencias que trae esto.

En este momento todo el mundo es pesimista y tiene miedo. No importa de qué país seas o cual sea tu elección política. Todos, en todo lado, sienten que el mundo se fue a la mierda.

Esto a pesar del hecho de que la guerra, el crimen violento y el autoritarismo están en sus niveles más bajos en toda la historia del mundo, y la educación, expectativa de vida e ingresos en sus niveles más altos.

No importa, de todas formas la gente cree que el mundo se va al infierno.

Y si todos sienten esto al mismo tiempo, sin importar la realidad, no puede ser porque la derecha radical está ganando o porque la izquierda radical está ganando o porque el patriarcado o los comunistas o los musulmanes o las bailarinas-narco-fascistas están ganando.

Sólo puede ser porque nuestra información está perdiendo.

Este artículo fue escrito originalmente por el autor estadounidense Mark Manson el 23 de febrero de 2017. El original puede leerse aquí. Esta traducción se hizo sin permiso explícito del autor y sin algún animo de lucro.

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